lunes, abril 09, 2012

AMÉRICA DEL SUR


UN CALEIDOSCOPIO DE ECOSISTEMAS COMPARTIDOS Y COSMOVISIONES ENCONTRADAS



Nuestros límites son:

Por debajo, con el magma incandescente que subyace bajo la corteza de la Tierra.

Por encima, con el infinito territorio de las estrellas, que alcanza a rozar el Aconcagua.

Por el norte, por el sur, por el oeste y por el este, no existen límites sino abrazos de agua: desde las cálidas aguas de vidrio azul y verde del Caribe, hasta las glaciales aguas de la Antártida.


Nosotros somos el agua congelada en los picos más altos de los Andes y el aliento espeso, saturado de verde, de las selvas tropicales, y las aguas rugientes del Iguazú, y las aguas celestes del Titicaca, y las aguas negras y blancas de los ríos del Amazonas, y las aguas metálicas del Río de la Plata, y la lluvia torrencial y eterna sobre el Chocó Biogeográfico, y las aguas fugaces que hacen florecer de vez en cuando el desierto de Atacama.


Nosotros somos esa pieza del rompecabezas que la tectónica de placas separó del Africa y que el tráfico de humanos esclavizados unió otra vez al Africa. Nosotros somos los Incas y los Muiscas y los Araucanos y los pueblos de cazadores y recolectores que todavía se desplazan por la selva amazónica. Nosotros somos los europeos que cortaron su ombligo con Europa para llamarse americanos. Nosotros somos una telaraña de heridas todavía no sanadas.

Nosotros somos la tentativa fallida de encerrar la vida en un orden importado. Nosotros somos la vida surgiendo a la fuerza por entre las costuras de la historia. Nosotros somos la vida convertida en mil veces mil especies y en mil veces mil ardides para oponerse a las adversidades. Nosotros somos la vida que gana la partida en aguas imposibles saturadas de azufre y en barrios tuguriales en las grandes ciudades.


Nosotros somos las posibilidades de la vida en contra de todas las evidencias aniquiladoras y la obligación de hacer conscientes esas posibilidades. Nosotros somos el reto ineludible de conocernos y reconocernos; de reconstruir nuestros caminos olvidados a partir de los fragmentos dispersos en la geografía y en el tiempo. Nosotros somos la necesidad imperativa de la convivencia entre nosotros mismos y con las demás especies y procesos que comparten con nosotros este trozo de planeta. Nosotros somos el deber de comprender y asumir que somos menos americanos y menos dignos y menos viables como seres humanos, cada vez que en nuestro continente desaparece un dialecto o una cultura o una leyenda o una especie animal o vegetal o una mancha de bosque o un ojo de agua.


Nosotros somos las preguntas que nos hemos demorado cinco siglos en hacernos y que ya no aguantan más esperas, y somos también todas las posibles alternativas de respuesta. Nosotros somos los sueños que no nos hemos atrevido a soñar por vivir en función de pesadillas ajenas. Nosotros somos todos los verbos inéditos que esperan por nosotros para ser conjugados: el verbo volcán, el verbo manglar, el verbo arrecife de coral, el verbo pampa, el verbo páramo, el verbo laguna, el verbo cóndor, el verbo oso de anteojos, el verbo rana, el verbo vicuña, el verbo llama, el verbo mariposa de Muzo, el verbo delfín rosado, el verbo pirarucú, el verbo danta, el verbo maíz, el verbo maní, el verbo yuca, el verbo desierto, el verbo iceberg, el verbo cielos estrellados, el verbo Machu Pichu, el verbo Bolívar, el verbo San Martín, el verbo Che Guevara, el verbo América del Sur, el verbo América...


Nosotros somos todos los hijos e hijas latentes en nuestras células germinales; los que están por venir y los que ya llegaron; los que no quieren heredar esas heridas no sanadas; los que se niegan a construir su propia historia con palabras cansadas; los que con absoluta seguridad no querrán entregarles a sus hijos e hijas una Tierra igual a la que les estamos entregando.

Nosotros, los que estamos hoy aquí unidos y reunidos en virtud de nuestra militancia comprometida con la vida en la Tierra; nosotros, representantes de todos los miembros de la especie humana que comprenden que la vida es una red compleja de interdependencias dinámicas, y que nuestra responsabilidad ética como seres humanos --expresión consciente de la vida en el Universo--, es ayudar  a mantener las condiciones que la hacen posible; nosotros, los que compartimos la convicción de que la sostenibilidad del planeta depende del respeto a las particularidades de los procesos locales, de la valoración de las diferencias, de la posibilidad efectiva de ejercer el derecho a la provincia aunque con visión planetaria.


Nosotros, pretendemos ser hoy en esta sala la múltiple voz de nuestro continente suramericano, para compartir nuestra angustia ante la certeza de que a pocos meses de comenzar el segundo milenio de la era cristiana, lo que en los últimos cien años hemos entendido como “desarrollo”, está derogando los esfuerzos de cuatro mil millones de años de la vida sobre la faz de la Tierra.

Nos reconocemos como un continente de biodiversidad, como una federación de galaxias concentradas sobre una misma placa flotante de la Tierra por acción de la ecología y de la historia. Estamos empeñados en construirle un sentido a la existencia a partir de la compleja multiplicidad de lo que somos; a partir de una consciencia dialéctica sobre nuestras coincidencias y nuestras contradicciones; a partir del reconocimiento de que en un continente que se extiende desde el corazón del trópico hasta la Patagonia y las regiones circumpolares australes, esa biodiversidad en sus múltiples expresiones constituye nuestro más valioso patrimonio y nuestra más tangible garantía de futuro.


Estamos aquí para unir nuestra voz a la de los otros continentes, para hacer una vez más una llamada de urgencia al olfato, a la razón y al corazón humanos, pero especialmente a quienes tienen en sus manos las grandes decisiones políticas y económicas, como también a los que por acción u omisión les hemos colocado ese poder en las manos.

Pero sobre todo, estamos aquí para garantizar que cada palabra se convierta en acciones contundentes e inmediatas. Venimos a verbalizar la certeza de que si pretendemos que conceptos como sociedad civil, como participación, como conservación, como política ambiental y como desarrollo sostenible, que hoy forman parte obligada de toda agenda de gestión humana (e incluso si queremos que conceptos aparentemente más obvios como el de país y el de región),  tengan un sentido orgánico, real y viable en nuestro continente, sus significados se tienen que reconstruir y que trenzar entre sí a la luz del kaleidoscopio de prismas de nuestras biodiversidades y de los procesos que las reflejan y encarnan.

Porque si alguna identidad puede algún día llegar a definir a Suramérica, será precisamente ese kaleidoscopio de cosmovisiones encontradas y de ecosistemas compartidos por encima de las cicatrices de la historia.


Con esos mismos ojos múltiples, debemos auscultar también nuestro papel y el papel de nuestras organizaciones en la gestión del medio ambiente, entendida, para los efectos que nos interesan, como la administración re-creativa y con consciencia cósmica, del pedacito que nos corresponde en esa identidad llena de vida, dinámica y contradictoria.

Gustavo Wilches-Chaux
Popayán (Colombia),
Texto escrito para el 50° Aniversario de la UICN 
en nombre de las organizaciones  suramericanas 
Fontainbleau (Francia),
 Octubre de 1998


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