martes, mayo 22, 2012

De NUBES y De LIRIOS

 Francamente no había vuelto a las nubes porque no encontraba dónde estacionar la nave
NAVES ENTERPRISE: desde aquí, a toda la colección




 


  






DeLirios







lunes, mayo 21, 2012

EL MITO MUISCA DE BOCHICA


"Durante días y noches llovió tanto que se arruinaron las siembras; nadie volvió a salir de sus bohíos (casas), que también se vinieron al suelo, o se mojaron tanto que lo mismo servía tener techo de palma o no. 

El Zipa, quien comandaba todo el imperio Chibcha, y los caciques, que eran como los capitanes o gobernadores de los poblados de la sabana, se reunieron para buscar una solución, pues no sabían qué hacer y el agua seguía cayendo del firmamento en torrentes. Se acordaron entonces de Bochica, un anciano blanco que no era de su tribu y quien había aparecido de repente en un cerro de la sabana.

Alto y de tez colorada, con ojos claros, barba blanca y muy larga que le llegaba hasta la cintura, vestía una túnica también larga, sandalias, y usaba un bastón para apoyarse. Él les había enseñado a sembrar y cultivar en las tierras bajas que quedaban próximas a la sabana; y a orar, y a tener una especie de código para los chibchas. Cuando se iniciaron las lluvias, Bochica estaba visitando el poblado de Sugamuxi (hoy Sogamoso), en donde había un templo dedicado al Sol.

Los chibchas decidieron llamarlo, porque pensaron que Bochica era un hombre bueno podría ayudarlos, o todo el imperio perecería a causa de la gigantesca inundación. El anciano dialogó con dificultad con los caciques, pues no dominaba su lengua, pero se hacía entender y le comprendían bastante. Se retiró a un rincón del bohío que tenía por habitación, rezó a su dios, que decía era uno solo. Luego salió y señaló hacia el suroccidente de la sabana.

Cientos de indios organizaron una especie de peregrinación con él. Se detuvieron después de varios días en el sitio exacto en donde la sabana terminaba, pero las aguas se agolpaban furiosas ante un cerco de rocas. Los árboles enormes y la vegetación selvática frenaban el ímpetu del agua. Bochica, con su bastón, miró al cielo y tocó con el palo las imponentes rocas. Ante la sorpresa y admiración de unos y la incredulidad de todos, las rocas se abrieron como si fueran de harina. El agua se volcó por las paredes, formando un hermoso salto de abundante espuma, con rugidos bestiales y dando origen a una catarata de más de 150 metros de altura. La sabana, poco a poco, volvió a su estado normal. Y allí quedó el "Salto del Tequendama". Dicen que Bochica, tiempo después, desapareció silenciosamente como había venido." 


Texto tomado de "Leyendas y Mitos de Cundinamarca" - Sistema Nacional de Información Cultural 


Foto: El magníficamente misterioso Salto del Tequendama   

lunes, abril 30, 2012

LA LUNA "ENVELADA" DE ANOCHE...



"La luna que nos miraba
-Ya hacía ratico-
Se hizo un poquito desentendida
Cuando la ví escondida
Me arrodillé pa' besarte
Y así entregarte
Toda mi vida."

Agustín Lara
(María Bonita)








Marte se asoma arriba, en medio de las nubes

 El pájaro indigesto que se tragó la Luna

..y al amanecer de hoy


viernes, abril 27, 2012

EL NEVADO DEL RUIZ ESTA MAÑANA DESDE BOGOTÁ

Al fondo a la izquierda: el Ruiz con su fumarola



En la mañana del 25 de Abril el Ruiz también intentó dejarse ver, pero la contaminación no lo dejó

ÑAPA

 De derecha a izquierda: Venus (abajo), la Luna, Orión y su cinturón (Las Tres Marías). Esquina superior derecha: Sirio, la estrella más brillante del cielo

Nube Revólver. Esquina inferior izquierda: la huella de luz de un avión

sábado, abril 14, 2012

YARUMOS BEBÉS SE ABREN AL COSMOS


 En las orillas del humedal de Córdoba (Bogotá)







lunes, abril 09, 2012

AMÉRICA DEL SUR


UN CALEIDOSCOPIO DE ECOSISTEMAS COMPARTIDOS Y COSMOVISIONES ENCONTRADAS



Nuestros límites son:

Por debajo, con el magma incandescente que subyace bajo la corteza de la Tierra.

Por encima, con el infinito territorio de las estrellas, que alcanza a rozar el Aconcagua.

Por el norte, por el sur, por el oeste y por el este, no existen límites sino abrazos de agua: desde las cálidas aguas de vidrio azul y verde del Caribe, hasta las glaciales aguas de la Antártida.


Nosotros somos el agua congelada en los picos más altos de los Andes y el aliento espeso, saturado de verde, de las selvas tropicales, y las aguas rugientes del Iguazú, y las aguas celestes del Titicaca, y las aguas negras y blancas de los ríos del Amazonas, y las aguas metálicas del Río de la Plata, y la lluvia torrencial y eterna sobre el Chocó Biogeográfico, y las aguas fugaces que hacen florecer de vez en cuando el desierto de Atacama.


Nosotros somos esa pieza del rompecabezas que la tectónica de placas separó del Africa y que el tráfico de humanos esclavizados unió otra vez al Africa. Nosotros somos los Incas y los Muiscas y los Araucanos y los pueblos de cazadores y recolectores que todavía se desplazan por la selva amazónica. Nosotros somos los europeos que cortaron su ombligo con Europa para llamarse americanos. Nosotros somos una telaraña de heridas todavía no sanadas.

Nosotros somos la tentativa fallida de encerrar la vida en un orden importado. Nosotros somos la vida surgiendo a la fuerza por entre las costuras de la historia. Nosotros somos la vida convertida en mil veces mil especies y en mil veces mil ardides para oponerse a las adversidades. Nosotros somos la vida que gana la partida en aguas imposibles saturadas de azufre y en barrios tuguriales en las grandes ciudades.


Nosotros somos las posibilidades de la vida en contra de todas las evidencias aniquiladoras y la obligación de hacer conscientes esas posibilidades. Nosotros somos el reto ineludible de conocernos y reconocernos; de reconstruir nuestros caminos olvidados a partir de los fragmentos dispersos en la geografía y en el tiempo. Nosotros somos la necesidad imperativa de la convivencia entre nosotros mismos y con las demás especies y procesos que comparten con nosotros este trozo de planeta. Nosotros somos el deber de comprender y asumir que somos menos americanos y menos dignos y menos viables como seres humanos, cada vez que en nuestro continente desaparece una lengua o una cultura o una leyenda o una especie animal o vegetal o una mancha de bosque o un ojo de agua.


Nosotros somos las preguntas que nos hemos demorado cinco siglos en hacernos y que ya no aguantan más esperas, y somos también todas las posibles alternativas de respuesta. Nosotros somos los sueños que no nos hemos atrevido a soñar por vivir en función de pesadillas ajenas. Nosotros somos todos los verbos inéditos que esperan por nosotros para ser conjugados: el verbo volcán, el verbo manglar, el verbo arrecife de coral, el verbo pampa, el verbo páramo, el verbo laguna, el verbo cóndor, el verbo oso de anteojos, el verbo rana, el verbo vicuña, el verbo llama, el verbo mariposa de Muzo, el verbo delfín rosado, el verbo pirarucú, el verbo danta, el verbo maíz, el verbo maní, el verbo yuca, el verbo desierto, el verbo iceberg, el verbo cielos estrellados, el verbo Machu Pichu, el verbo Bolívar, el verbo San Martín, el verbo Che Guevara, el verbo América del Sur, el verbo América...


Nosotros somos todos los hijos e hijas latentes en nuestras células germinales; los que están por venir y los que ya llegaron; los que no quieren heredar esas heridas no sanadas; los que se niegan a construir su propia historia con palabras cansadas; los que con absoluta seguridad no querrán entregarles a sus hijos e hijas una Tierra igual a la que les estamos entregando.

Nosotros, los que estamos hoy aquí unidos y reunidos en virtud de nuestra militancia comprometida con la vida en la Tierra; nosotros, representantes de todos los miembros de la especie humana que comprenden que la vida es una red compleja de interdependencias dinámicas, y que nuestra responsabilidad ética como seres humanos --expresión consciente de la vida en el Universo--, es ayudar  a mantener las condiciones que la hacen posible; nosotros, los que compartimos la convicción de que la sostenibilidad del planeta depende del respeto a las particularidades de los procesos locales, de la valoración de las diferencias, de la posibilidad efectiva de ejercer el derecho a la provincia aunque con visión planetaria.


Nosotros, pretendemos ser hoy en esta sala la múltiple voz de nuestro continente suramericano, para compartir nuestra angustia ante la certeza de que a pocos meses de comenzar el segundo milenio de la era cristiana, lo que en los últimos cien años hemos entendido como “desarrollo”, está derogando los esfuerzos de cuatro mil millones de años de la vida sobre la faz de la Tierra.

Nos reconocemos como un continente de biodiversidad, como una federación de galaxias concentradas sobre una misma placa flotante de la Tierra por acción de la ecología y de la historia. Estamos empeñados en construirle un sentido a la existencia a partir de la compleja multiplicidad de lo que somos; a partir de una consciencia dialéctica sobre nuestras coincidencias y nuestras contradicciones; a partir del reconocimiento de que en un continente que se extiende desde el corazón del trópico hasta la Patagonia y las regiones circumpolares australes, esa biodiversidad en sus múltiples expresiones constituye nuestro más valioso patrimonio y nuestra más tangible garantía de futuro.


Estamos aquí para unir nuestra voz a la de los otros continentes, para hacer una vez más una llamada de urgencia al olfato, a la razón y al corazón humanos, pero especialmente a quienes tienen en sus manos las grandes decisiones políticas y económicas, como también a los que por acción u omisión les hemos colocado ese poder en las manos.

Pero sobre todo, estamos aquí para garantizar que cada palabra se convierta en acciones contundentes e inmediatas. Venimos a verbalizar la certeza de que si pretendemos que conceptos como sociedad civil, como participación, como conservación, como política ambiental y como desarrollo sostenible, que hoy forman parte obligada de toda agenda de gestión humana (e incluso si queremos que conceptos aparentemente más obvios como el de país y el de región),  tengan un sentido orgánico, real y viable en nuestro continente, sus significados se tienen que reconstruir y que trenzar entre sí a la luz del kaleidoscopio de prismas de nuestras biodiversidades y de los procesos que las reflejan y encarnan.

Porque si alguna identidad puede algún día llegar a definir a Suramérica, será precisamente ese kaleidoscopio de cosmovisiones encontradas y de ecosistemas compartidos por encima de las cicatrices de la historia.


Con esos mismos ojos múltiples, debemos auscultar también nuestro papel y el papel de nuestras organizaciones en la gestión del medio ambiente, entendida, para los efectos que nos interesan, como la administración re-creativa y con consciencia cósmica, del pedacito que nos corresponde en esa identidad llena de vida, dinámica y contradictoria.

Gustavo Wilches-Chaux
Popayán (Colombia),
Texto escrito para el 50° Aniversario de la UICN 
en nombre de las organizaciones  suramericanas 
Fontainbleau (Francia),
 Octubre de 1998




 Foto: GW-Ch 2014

Foto: GW-Ch - Dic 29, 2017